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Informe de la I Conferencia Liberal Hispanoamericana

Fechas: 16 al 18 de marzo de 2006

Lugar: Lima, Perú

Participantes: Bolivia: Luis René Baptista, Instituto Libertad, Democracia y Empresa; Colombia: Hans Peter Muller, La Red Business Network; España: Oliver Laufer, Presidente de la Organización para la Democracia Liberal de Venezuela; Guatemala: Pedro Trujillo, Director de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco Marroquín; México: Santos Mercado Reyes y Félix Hurtado Huamán, Alianza Liberal; Perú: César León Quillas, Eddy Rojas Fernández, Fredy Pariapaza y Cinthya López Vasquez del Circulo Bastiat; Myriam Janet Ortiz Herrera, Directora de Economía de ILE; Humberto Pérez Fry y Dante Ramos de Rosas, Secretario General del Partido Liberal del Perú; Walter Puelles Navarrete, Economista de ILE; José Luis Tapia Rocha y Myriam Ortiz Herrera, Directores de ILE; Venezuela: Alberto Mansueti, Vice Presidente de Rumbo Propio y Marco Polesel, Director Nacional de Política de Movimiento Demócrata Liberal.

Parte I: Precisiones y evaluaciones

1. Marea Roja en América Latina

Todos los participantes coincidieron en que en Latinoamérica hay “marea roja”. Su principal característica es la rapidez y eficiencia con que tiende a imponerse un proyecto político socialista totalitario con muchas similitudes pero también diferencias con la anterior “marea” de los años 60 y 70.

Entre esas diferencias destaca que la nueva marea está menos relacionada con las doctrinas clásicas que guiaron a los movimientos revolucionarios latinoamericanos, como el Marxismo Leninismo. Se inspiran, más bien, en tendencias de pensamiento más sincréticas, que han aglutinado alrededor de consignas anticapitalistas y antiliberales a corrientes de pensamiento y movimientos sociales como el Ecologismo, Feminismo, Indigenismo, Nacionalismo, y un Relativismo cultural que cuestiona los fundamentos del Racionalismo y la modernidad.

Se destacó también que entre los principales aliados prácticos de la nueva “marea roja” está el fracaso de campañas impulsadas por los Gobiernos de Estados Unidos, entre las que se destaca la guerra antidrogas.

2. Estatismo: Fracaso en todos los frentes

El título del segundo tema, “Estatismo: Fracaso en todos los frentes”, en principio fue cuestionado por algunos participantes. Porque aparentemente no es apropiado hablar de fracaso precisamente cuando el Estatismo, en todas sus diversas formas, está atravesando uno de sus mejores momentos, lo que se refleja, precisamente, en la facilidad como es aceptado por los pueblos latinoamericanos como una opción válida ante el desencanto producido por las reformas estructurales de los últimos años.

Sin embargo, se destacó también el hecho de que el formidable impulso del que goza el Estatismo se produce a pesar de que no hay ningún campo de políticas públicas en el que pueda mostrar buenos resultados. Las políticas estatistas han fracasado y siguen fracasando, hoy como ayer, en la educación, salud, actividad empresarial estatal, jubilaciones y pensiones, la función de regulación, etc., e incluso en aquellas áreas en las que aún desde el Liberalismo se le reconocen al Estado funciones propias, como la seguridad, la justicia y las obras públicas.

Después de analizar diversos casos y las muchas maneras como se manifiesta el fracaso del Estatismo en la práctica, y su paradójico éxito en la lucha ideológica, se llegó a la conclusión de que esta situación se explica, en gran medida, por la ineficiencia con que actuaron los partidos, instituciones académicas y otras organizaciones defensoras del Liberalismo, principalmente en el terreno de la lucha ideológica.

3. Liberalismo y productos que (aparentemente) lucen parecidos

Uno de los temas que más controversia despertó fue el relativo a las diversas corrientes del pensamiento liberal, principalmente el “Neoliberalismo”, cuya influencia durante los últimos años, y los pobres resultados obtenidos por las medidas aplicadas en su nombre, dañaron profundamente el prestigio de las ideas liberales. A ello se sumó la ausencia o debilidad en el debate público de las corrientes del Liberalismo Clásico que si bien siempre cuestionaron la palabra “neoliberal”, nunca lo hicieron con suficiente claridad para evitar que la confusión ideológica se imponga no sólo en toda la sociedad, sino incluso entre quienes se sienten identificados con el antiestatismo y especialmente con el Liberalismo Clásico.

Sin embargo, se expresó también la preocupación por el riesgo de sobrestimar las diferencias secundarias entre las diferentes corrientes liberales, lo que limita las posibilidades de una acción conjunta exitosa. Al dispersar esfuerzos en confrontaciones ideológicas que si bien son necesarias y útiles si se las realiza internamente, se puede contribuir a la confusión y dispersión si se les otorga indebida prioridad frente a los adversarios ideológicos. Otras opiniones, en cambio, destacaron que es precisamente esa falta de delimitación y diferenciación — respecto del Neoliberalismo y otras corrientes como la socialdemocracia y en algunos casos el Anarquismo — la que esteriliza a todo el pensamiento liberal clásico, y le impide dar buenos frutos políticos propios. Por lo que debe darse atención a la tarea de deslindar responsabilidades ante el fracaso teórico y práctico de los experimentos realizados durante los últimos años en nombre del Neoliberalismo, y que representan la mixturación con otras vertientes ajenas a la tradición del Liberalismo Clásico.

Asimismo, se planteó la necesidad de reflexionar sobre la necesidad y conveniencia de realizar acciones políticas conjuntas con otras corrientes políticas, como la Socialdemocracia, el Socialcristianismo, la Democracia Cristiana. A favor de esa posibilidad se planteó el hecho de que en circunstancias en que la necesidad de construir entre todos un dique de contención a la ofensiva totalitaria puede ser más importante que saldar las mutuas discrepancias. En contra de ello, se planteó el riesgo de que las concesiones ideológicas hechas en nombre del pragmatismo político conduzcan a un doble fracaso: el político, como en el caso de Venezuela o Bolivia, y aún peor, la derrota ideológica, pues el Liberalismo termina asumiendo errores ajenos desacreditándose a los ojos de la opinión pública.

Considerando los anteriores elementos de juicio, se propuso que en cada país los esfuerzos se concentren en abrir un cauce propio, centrado en la Carta de los 11 Derechos, reforzando así la acción teórica y política. A fin de consolidar una identidad nítida del Liberalismo Clásico, que deje claramente establecidas las diferencias que nos separan de las demás corrientes ideológicas y políticas, y al mismo tiempo optimice nuestras oportunidades de influir decisivamente en la vida política de nuestros respectivos países.

4. Liberalismo, democracia, Estado de Derecho y “política correcta”

Muy ligado al anterior, este tema dio lugar a un intenso debate centrado en dos temas, uno de fondo, y otro de forma.

El de fondo se refiere al lugar que debe ocupar en la escala de valores liberales la democracia representativa y las libertades y derechos que le son inherentes. El de forma, se refiere a la aceptación o no del término “derecha” como parte de nuestra identidad.

En ninguno de los dos casos fue posible un pleno acuerdo, destacándose entre los puntos controversiales la posibilidad de que la democracia vigente en nuestros países, puede de hecho convertirse, como en el caso venezolano, en un instrumento al servicio de proyectos políticos totalitarios, lo que entra en conflicto con otros valores liberales, como el respeto a la libertad económica. Ante ese riesgo, se planteó la posibilidad de caer en la “tentación totalitaria”, mediante la aceptación de métodos como los de Pinochet en Chile o Fujimori en Perú. O bien, en el otro extremo, a la estéril defensa de valores democráticos en un marco ideológico antiliberal, sólo porque son profundamente despreciados por los propulsores del proyecto político encabezado por Castro, Chávez y Morales.

En cuanto al uso del término “derecha”, se convino en que éste puede ser aceptado o rechazado según las circunstancias, dependiendo de las posibilidades que al momento de tomar la decisión se tengan de hacer la correspondiente distinción entre lo que por “derecha” se entiende en el léxico político común. Se puso énfasis en la necesidad de distinguir claramente, en todo caso, las diferencias de la derecha liberal con “la extrema derecha”, con el Mercantilismo o Conservadurismo convencional de derechas, y más aún, con el mero Tradicionalismo, y con la defensa del orden de cosas establecido.

Fue también parte de este punto el debate sobre nuestra relación con corrientes como el Ambientalismo, Indigenismo, Feminismo, la defensa de los Derechos Humanos y otras causas gozan de mucho prestigio en la sociedad y de las que se apropiaron las corrientes de izquierda. Aunque no se llegó a conclusiones claras, se planteó la necesidad de que esos temas no sean negados sino incorporados al discurso liberal, pero siempre subordinándolos a los valores y principios básicos del Liberalismo.

En todo caso se observó que la Marea Roja expresa un tremendo deseo de cambio. Son las esperanzas de un cambio para mejor, tan grande y rápido como sea posible, de millones y millones de individuos y familias. Lamentablemente no existen muchos grupos, partidos y estructuras políticas identificadas con el Liberalismo Clásico, capaces de dar cauce apropiado a esos deseos y esperanzas, que entonces son orientados hacia el Ambientalismo, Indigenismo, Feminismo, la defensa de los Derechos Humanos y la Democracia, y otros tópicos de la política “correcta”. De modo muy similar a como en los años 70 y 80 los deseos y esperanzas de cambio fueron orientados hacia el Marxismo, Leninismo, Castrocomunismo, etc., por la misma razón: la deficiencia de los liberales clásicos en formular un Programa Político articulado, viable, consistente y creíble.

5. Liberalismo, Nacionalismo y Autonomismo regional

Este tema fue abordado a partir de la experiencia de Rumbo Propio en Zulia, Venezuela. Es un proyecto político que fue puesto en marcha para abrir un frente de oposición al chavismo, marcando distancia con la vieja oposición, y abriendo, a través de las autonomías regionales, la posibilidad de debilitar el proyecto totalitario.

La Conferencia hizo suya la propuesta zuliana de “Los 11 Derechos”: un Programa de Gobierno Liberal Clásico. Sin llegar a conclusiones taxativas o limitativas, los asistentes consideraron como muy viable y recomendable la política de hacer de los 11 Derechos la materia propia de una reforma constitucional en cada país, lo que se llamó “Plan A”. Y asimismo lo que se llamó “Plan B”, al estilo de Rumbo Propio en el Zulia: Hacer de los 11 Derechos la materia propia de un Estatuto Regional de Autonomía, a ser plebiscitado en aquellas regiones donde tuviese aceptación popular, asumiendo que fuese exitosa la propaganda que la destacara como la vía idónea para el progreso y bienestar de la gente de provincias o del interior de cada país.

Se planteó que en Zulia, en Santa Cruz, Bolivia, y otras regiones del continente que ofrecen mejores condiciones para construir “diques de contención” al Estatismo, se hagan especiales esfuerzos para presentar contenidos y consignas antiestatistas y liberales clásicas en los movimientos autonomistas.

6. Liberalismo y Cristianismo

Algunos de los participantes en la Conferencia describieron su amplia experiencia en la difusión de la enseñanza bíblica asociada a la defensa de los valores liberales. Considerando la adhesión de gran parte de la población hispanoamericana a la religión cristiana en alguna de sus denominaciones, lo que incluye el Catolicismo y el movimiento evangélico, se planteó el tema de la estrecha relación entre la prédica evangélica, muchas veces tergiversada, y los valores predominantes en la sociedad.

Sin entrar en detalles, se destacó la influencia de las creencias religiosas en la conducta y conciencia de los pueblos y, por consiguiente, la posibilidad de que la difusión y reflexión bíblica se asocien a la difusión de los valores antiestatistas.

En la Conferencia se observó que en América latina durante siglos se ha pretendido legitimar los valores estatistas sobre la base de creencias religiosas supuestamentre cristianas, muchas veces tergiversadas, mal interpretadas, y políticamente manipuladas, tanto por las viejas izquierdas como por las Nuevas Izquierdas. ¿Por qué no revertir esta tendencia? ¿Por qué no destacar y subrayar tantos pasajes bíblicos claramente contrarios a la intromisión y al excesivo poder del Estado, y en defensa del comercio libre? ¿Por qué no hacer de la Religión y el Capitalismo “aliados, no enemigos”, como expresa el título de una conocida obra del Reverendo Edmund Opitz, Economista y Pastor Congregacional?

Los practicantes de este enfoque destacaron que los liberales cristianos y no cristianos tenemos que entendernos y respetarnos mutuamente, por encima de nuestra diferencias religiosas. A los liberales cristianos de toda denominación, Iglesia y credo, corresponde un esfuerzo por comprender mejor las posiciones de los liberales ateos, agnósticos, no creyentes, o creyentes en confesiones o religiones distintas de la tradición judeocristiana. Y viceversa.

7. Fundaciones, Institutos, centros académicos liberales ¿qué salió mal?

Las ideas centrales acerca de este tema giraron alrededor de los límites de la labor teórica y académica, y de la necesidad de complementar los esfuerzos en ese terreno con los desarrollados en el ámbito de la acción política. ¿Para qué un Liberalismo que no se concreta en la acción política transformadora? ¿A quién sirve un Liberalismo “no practicante”, que se queda en las elites, que no encarna en millones de latinoamericanos agobiados por la pobreza y continuamente engañados por las sucesivas reediciones de los programas y propuestas colectivistas y estatistas de las izquierdas?

Se cuestionó que gran parte del material intelectual producido por los centros liberales tiene un alcance muy limitado, sólo llega a quienes ya están convencidos de la doctrina liberal, y prácticamente no tiene ninguna repercusión.

Para resolver este problema, se propuso recurrir a medios no convencionales de comunicación, como las imágenes gráficas, dibujos animados, mapas, cuentos y literatura, teatro y música, textos adaptados para su divulgación entre diferentes públicos en forma de historietas, resúmenes con cuadros e ilustraciones, medios electrónicos, etc. Entre los medios se mencionaron las presentaciones multimedia, sitios en internet, programas de radio, videos, escenificaciones en las calles, rallies, funciones de cine o teatro con discusión posterior, etc.

Entre los factores que dificultan la actividad tanto académica como política se destacó la carencia de recursos humanos y materiales, y el riesgo de que las vías de financiamiento disponibles pongan límites y condiciones que terminan por esterilizar los esfuerzos de los institutos y organizaciones políticas del Liberalismo Clásico.

Ligado a lo anterior, se advirtió sobre el riesgo de caer en la tentación de construir organizaciones y estructuras dependientes de puro financiamiento externo, sin base de sustentación ni presencia en la política real de cada país. Y en todo caso de aportes internos que, además de ser condicionados, pueden hacer que grupos y organizaciones liberales degeneren en aquello mismo que desde el llano tanto y tan justamente critican: el cómodo pero estéril e inoperante parasitismo burocrático.

Parte II: Un plan de acción en programas

En líneas generales y salvo ciertos detalles, la Conferencia prestó su aprobación a un Plan de Acción a ser concretado en estas instituciones:

1. Empresa Multinacional Hispanoamericana (EMH)

2. Conferencia Liberal Hispanoamericana (CLH) Permanente

3. Gabinete de Asuntos Públicos

4. Academia Aristotélica de Filosofía Y Humanidades

5. Instituto Bíblico Latinoamericano de Gobierno

6. Centro de Armamento y Munición Intelectual

7. Oficina de Servicios a los Movimientos y Partidos Liberales

8. Escuela de Negocios y Microeconomía para Empresarios Informales

9. Foro Liberal Mundial

Luego, antes de terminar, los asistentes decidieron otorgar a la Los asistentes se constituyeron en Directorio Permanente. Los Directores eligieron al escritor Alberto Mansueti como Director-Presidente, y al Economista José Luis Tapia como Director Ejecutivo.

Una vez constituido el Directorio, su primer acto oficial fue aprobar la Declaración que presentamos en Documento aparte, contentiva de la Carta de los 11 Derechos.